miércoles, 24 de noviembre de 2010

Crecer sin papá.

Hoy fuimos a la plaza mis hijitas y yo. La Maylin jugaba en las máquinas para hacer ejercicios, esas que han puesto en varias plazas “remodeladas”. La BB jugaba con tierra y con una moto rota que insiste en conservar a pesar de que le falta una rueda. Se veían muy felices. Yo intentaba esconderme del sol al lado de un árbol, para no quemarme más de lo que ya se nota en mi piel. La plaza hace tiempo perdió su encanto para mí; el lugar que solía ser para pololear ahora es un espacio de niños bulliciosos y viejas copuchentas. Ahí estaba, pensando en cosas ridículas como lo hago usualmente y vigilando a que las niñas no fueran raptadas, miedo que mantengo no sé si para bien o para mal, cuando de repente escuché un “papá, papá, ¡mira lo que hago!” y divisé a una niña colgando de unos fierros y buscando la aprobación de su progenitor. Sumida en mis pensamientos ridículos, miré alrededor y ví escenas parecidas por varios lugares de la plaza. Pero ahí estaban la Maylin y la BB, jugando y sin buscar la aprobación de su “papá”, concepto ya confuso para la May y desconocido para la BB. Pensé en qué pensarán ellas al respecto, sobretodo la más grande, en si es mejor tener un padre ausente y misterioso en vez de uno presente pero emocionalmente dañino e inestable. Cuando reflexiono respecto al tema llego a la misma conclusión; mis hijas no serán las primeras ni las últimas mortales que crecerán sin su progenitor y probablemente este hecho no tenga repercusiones negativas en sus vidas. Lo más seguro es que se desarrollen bien, terminen el colegio, estudien algo que les interese y formen su vida aparte a una edad que ellas estimen conveniente. No creo que se transformen en delincuentes ni en personas flojas por la falta de un padre. Pero lo que sí creo es que más de una vez me culparán de no tenerlo al lado. Al final lo que importa es que por más que lo desee ellas no tienen ni tendrán un padre que les felicite por lo que hacen bien, que las rete cuando se manden embarradas. Su padre se ha ido y no volverá, para su bien o para su mal. Insisto en que es para bien. Nomás siempre me molesta pensar al respecto. Me molesta sentir a veces que “falta alguien”, porque ese “alguien” me molesta, es inmaduro y dañino, cambiante e inseguro; lo quiero lejos de mí y mis hijitas. Una vez mi mamá me dijo “padres hay muchos, pero madre una sola”. Estaba equivocada. Mis hijas no tienen padre. No tienen más papá que ese personaje que de repente llama. Y nunca lo tendrán. Al menos madre tienen y una muy completa por lo demás. Sólo espero con eso les baste y no sientan que “alguien falta”, porque pucha que es molesto pasarse tardes en la plaza viendo como los demás niños sí tienen un padre cool que está ahí siempre, todos los días, sonriéndoles, sacando a pasear, comprando un helado, abrazando. El futuro dirá qué es mejor. Sólo espero no estar equivocada.

2 comentarios:

  1. la fortaleza de un humano no reside en su capacidad fisica sino en una voluntad indomable... a esos humanos se les recuerda para siempre... tu querida licenciada ridicula eres una mujer de voluntad indomable, y tal como tom, seba o yo tus hijas te recordaran por siempre,,, onda te ganaste un lugar en la posteridad licenciada ridicula luego en las futuras generaciones se contaran historias sobre ti... ;)

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  2. Me hiciste pensar...Por alguna extraña razon mi hija mayor cada cierto tiempo pregunta por su padre, el cual no existe...

    Y cada cierto tiempo tambien me baja la angustia de saber que en algun momento me culpara por no haberlo tenido a su lado.

    Pero al final pensandolo bien, doy gracias a Dios que ese personaje no existe en su vida, por que mas que un aporte a su vida, sin duda seria un perjuicio.

    Saldras adelante como lo has hecho siempre y tus hijas tambien

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